Quién riega las violetas

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¡Hola! Soy Lidia y me considero cocreadora de historias, experiencias, momentos y finales felices. Artesana de eventos con alma: la del sueño de sus protagonistas. Una alfarera de cuentos que nacen de dentro, coleccionista de ilusiones, que un día decidió coger una regadera y abonar con una mezcla de pasión, entusiasmo y esfuerzo el sustrato en el que crecen vuestras historias con ganas de celebrar, y ponerlas a germinar en eventos con magia, de patronaje único, a la medida de vuestro corazón (y de la parte del mío que dejo en cada festejo, confieso).

 

Cuando tenía quince años, uno de mis profesores diagnosticó mi carácter profundo y un tanto “versolibrista” y me prescribió a futuro, como enzima de felicidad, una profesión en la que pudiera poner en juego la comunicación, la empatía; la cercanía a las personas.

 

Así, desde muy pequeña supe que mi carrera estaría vinculada a la comunicación, pues creo en el lenguaje como medio de expresión, creación y transformación de la realidad.

 

Motivada por la idea de tender puentes entre pueblos, ideas y proyectos a través del lenguaje, estudié Traducción e Interpretación (inglés y francés) en la Universidad Autónoma de Madrid. Finalizada la licenciatura, me embarqué en proyectos muy diversos en los que tuve la suerte de explorar las distintas facetas del universo traductor.

 

La valiosa vivencia que obtuve de la preparación de mi boda, celebrada en 2014, marcó un antes y un después en mi trayectoria. La celebración fue compleja y su organización atravesó todo tipo de dificultades, pero con ella aprendí que nada es imposible si hay amor entre nosotros y amor por lo que deseamos. Fueron más de dos años de preparativos, en los que terminé de enamorarme de la belleza de celebrar el amor, y de celebrar con amor. Y descubrí en ello mi verdadera vocación: una vocación de crear eventos como forma de comunicar en directo, de humanizar proyectos; de llegar a la gente y generar en ella reacciones hermosas y un valioso recuerdo mediante un lenguaje de emociones y sensaciones, que se alcanza a través de la creatividad, entrenada con trabajo. Decidida a reencontrarme en el trabajo con la emoción y un entusiasmo que forman parte fundamental de mí, salí de la llamada “zona de confort” para crear mi propio proyecto, Violetas en el asfalto.

 

Consciente de la necesidad de formarme en este nuevo ámbito con la seriedad y el rigor que toda profesión requiere, emprendí varias acciones formativas, entre las que destacan el Máster en RR.PP. (Marketing, Protocolo y Organización de Eventos) CEUPE-Universidad de Alcalá de Henares, el programa de extensión universitaria de la UNED en Técnico Auxiliar de Protocolo, el curso de Organización de Eventos Institucionales y Corporativos impartido por el ISPE, y distintos seminarios de wedding planning & design impartidos por profesionales de la talla de Lunas de Boda y Susanna Príncipe.

 

Creo en el concepto de formación continua y amo aprender, por ello sigo alimentando mi bagaje a través de diversas iniciativas relacionadas con el mundo del diseño, el lettering, el arte floral y la fotografía, entre otros. Un punto que creo tienen en común las profesiones de traductor y organizador de eventos es la necesidad de adquirir y desplegar conocimientos multidisciplinares, nociones básicas de todas las facetas que afectan a nuestro trabajo, así como de las herramientas documentales necesarias para localizar los datos y profesionales idóneos para cada planteamiento. De hecho, mi experiencia de tres años como project manager me ha permitido desarrollar unas habilidades organizativas que son clave en el desempeño de mi nueva labor.

 

Otra de las facetas de mi proyecto es el oficio de ceremonias civiles, que me permite combinar mis dos grandes pasiones, la comunicación y el mundo de las celebraciones, poniéndole voz y alma, de forma completamente personalizada, a vuestras historias de amor.

 

Me defino como una persona una persona sensible y romántica, en el sentido más decimonónico del término: la vida ha de vivirse con intensidad para que valga la pena; no concibo participar en cualquier propósito, sea cual sea, si no creo en él y me entrego al 200%. Desde mis juegos infantiles de príncipes y princesas, siempre he amado las bodas. Creo que no ha habido una, hasta donde mi recuerdo alcanza, en la que haya podido contener las emociones.

 

Perfeccionista y exigente, responsable, trabajadora y comprometida, jamás me rindo cuando se trata de dar forma a la ilusión de quienes han depositado su confianza en mí. No estoy sola en esta tarea: me apoyo en un equipo de excelentes profesionales, entre los que se encuentran floristas, diseñadores, auxiliares de escenografía, fotógrafos y videógrafos, entre otros muchos.

 

Esta sembradora de sueños, a la que le encanta cocinar, bailar, disfrutar de su familia y descubrir poesía en cada aspecto de la vida, de la que la música de Ismael Serrano ha compuesto su banda sonora, se ha ganado, entre jocosa y merecidamente, el sobrenombre de “rastreator”. Confiadle vuestros sueños y encontrará la manera de hacerlos florecer.